Terapia Nutricional

Que la dieta tiene el poder de sanar no es precisamente una idea innovadora. La nutrigenómica está evidenciando lo que ya adelantó Hipócrates hace 2.400 años con su célebre “deja que el alimento sea tu medicina”.

La nutrición modula la expresión génica y puede tanto aumentar como disminuir significativamente nuestras probabilidades de disfrutar de un cuerpo longevo, saludable y feliz. Y ese es precisamente el objetivo de la terapia nutricional: ejercer de vía de comunicación directa con nuestros genes para «hackear» su expresión a nuestro favor.

Los genes no son una condena vitalicia

Sí, podemos transformar el destino que dictan nuestros genes. La epigenética es la ciencia que estudia los procesos por los que los factores ambientales estimulan (e inhiben) su expresión.

No todos los genes son iguales. Los que dictaminan qué color de ojos tenemos se expresan sin que podamos «negociar» con ellos para llegar a un acuerdo unánime. Otros, en cambio, se expresan o se silencian en respuesta a la información que reciben del exterior (incluida la nutrición). Y sobre ella, afortunadamente, sí tenemos control.

En la práctica, esto se traduce en que tenemos el poder de eludir nuestras tendencias genéticas a sufrir la vasta mayoría de enfermedades que nos aquejan hoy en día (incluyendo el cáncer, la demencia, la depresión, la enfermedad cardiovascular, la ansiedad, la diabetes tipo 2 o la obesidad). Así, aunque hayamos heredado una poderosa tendencia genética a padecer alzhéimer, con nuestras elecciones diarias podemos no solo retrasar su aparición y contribuir a su tratamiento, sino eludirlo por completo.

 

 

La terapia nutricional no pretende sustituir al tratamiento médico, sino ejercer de poderoso aliado. Tanto si te ha tocado saltar al ruedo, como si tu objetivo es evitar tener que hacerlo en el futuro, ¡toda ayuda es poca!

Sin embargo, debes ser consciente de que revertir una tendencia poco saludable que probablemente nos lleva años de ventaja, requiere tiempo y constancia. Cualquier tratamiento de «biohacking» epigenético que culmine en éxito, obligatoriamente contemplará cierto esfuerzo y dedicación (ve aquí un adelanto de las cuatro tareas que irremisiblemente te pediré). No existe ninguna píldora mágica que nos permita alimentarnos a base de pastelitos industriales, fumarnos un cigarrillo con el carajillo del desayuno y llegar a los 100 años con una salud de hierro, un cuerpo sano y una mente sagaz. Tampoco los echarás de menos cuando te habitúes a cuidar de tu cuerpo y te veas más joven, fuerte, saludable y feliz.

Libera a tu mejor tú

Concede a tu agradecido «yo del futuro» esa dedicación. Mima a tus genes y ellos trabajarán «para» y no «contra» tu futuro tú. Ánimo, que valdrá la pena.