No estás enferma, eres singular
El síndrome de ovario poliquístico puede ser una condición devastadora o un mero compañero de viaje.
Hay quien nace con una habilidad innata para el salto de altura, con una voz capaz de enmudecer estadios, con un ojo de cada color o rebosando virtuosismo para el piano. Nosotras vinimos al mundo con un pase vitalicio para el selecto club de las mujeres con SOP. Y aunque a ninguna nos haga especial ilusión su obstinada compañía, por mucho que intentemos escabullirnos y zafarnos de él, nunca se alejará demasiado.
Después de aunar décadas de investigación obsesiva con la experiencia propia y ajena, he aprendido a comprender esta singularidad nuestra y cómo aplacarla (minimizando tanto los parches farmacológicos, como sus efectos secundarios). Y me he propuesto condensar toda esa información para que también tú puedas mitigar sus síntomas y así convertirlo en un mero compañero de viaje más.
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No eres tú, es tu dieta
El SOP no es una enfermedad, sino un rasgo que origina hasta ocho fenotipos de mujer singular. Y no es de aparición reciente, no. Hace ya la friolera de 2.500 años que Hipócrates, autor del célebre «deja que el alimento sea tu medicina» y el último responsable del juramento que realizan los médicos antes de lanzarse a ejercer (por el que consagran su vida al servicio de la humanidad), señaló la existencia del síndrome de ovario poliquístico. No lo bautizó así, ni tampoco supo que efectivamente a menudo iba acompañado de quistecillos en los ovarios, pero sí apreció que algunas mujeres con dificultades para concebir tenían tendencia al sobrepeso y a menudo presentaban rasgos masculinizados (con más vello corporal y facial, pero también más resistencia y fuerza física).
Y su historia no se remonta a la Grecia clásica hipocrática, no. El SOP ha escoltado a «sus elegidas» desde tiempos inmemoriales. Y lo podemos afirmar con tamaña asertividad porque su prevalencia es sumamente consistente en las diferentes etnias a lo largo y ancho del globo, lo que sugiere que se trata de un rasgo evolutivo muy antiguo. Se postula que el SOP ya acompañaría incluso a los primeros grupos de humanos que se aventuraron a buscar fortuna fuera de África cuando comenzaron a repartirse por el mundo, desde decenas, hasta cientos de miles de años atrás. De hecho, lejos de ser una condición rara o inusual, es la endocrinopatía (o, mejor dicho, la «singularidad hormonal») más común entre las mujeres que habitamos el planeta, estimada entre un 20 a un 30%.
Si hacemos cuentas, solo en España sumamos cerca de cinco millones de mujeres, ya diagnosticadas o no. Y no puedo dejar de preguntarme cuántas de ellas todavía toman la píldora anticonceptiva (y se arriesgan a sufrir sus efectos secundarios —léase cáncer, trombos y depresión) porque nadie les ha dicho que meros cambios dietéticos y un pelín de cuidado para no dificultar aún más nuestro intrincado balance hormonal pueden contribuir (y mucho) a apaciguar sus síntomas.
Las «elegidas» por el SOP no estamos enfermas, no, somos singulares. Y aunque pueda sonar descabellado (dado que efectivamente tenemos una probabilidad muy reducida de procrear), nuestra presencia constante a través de los milenios, generación tras generación, habría favorecido que la especie humana sobreviviera y floreciera.
Si ya retumban en tu mente unos muy comprensibles ¿qué?, ¿cómo? o ¿por qué?, este libro es para ti.
Responderemos a tus dudas, aportando un plan de estrategias y explicando el mecanismo que subyace a que funcionen. Conoceremos las particularidades, flaquezas y distintas caras del SOP gracias a ocho mujeres «elegidas» y singulares. Y todos sus testimonios (menos uno) están basados en historias reales. Apuesto a que adivinarás cuál.
O hazte con tu ejemplar en papel:
Tú eliges cómo… y cuándo. Ojalá sea HOY.
