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Consiente a tu microbiota

Tu microbiota es el conjunto de microorganismos que cohabitan contigo. Te acompaña fielmente desde incluso antes de nacer y permanece contigo toda la vida. De hecho, en tu cuerpo hay diez veces más células microbianas que células humanas, así que conviene asegurarse de que están de tu lado. Tu «otro yo» puede ser tu mayor aliada… o tu peor enemiga.

Mima a tus mitocondria

No será una crema carísima la que le dé un aspecto radiante y juvenil a tu piel. Tampoco será ese cuarto café el que te permita llegar a la cena con buen humor. Ni siquiera será ese «súper-alimento» amazónico el que logrará que  saltes de la cama con ganas de comerte el mundo. No. Pero un rendimiento mitocondrial óptimo, sí.

«Hackea» tu metilación

Los sabios refraneros populares coinciden en que no hay que menospreciar el poder de los pequeños gestos, porque son los que mueven el mundo. Y he aquí el minúsculo gesto que nos mueve a nosotros: el ciclo de metilación, la magia oculta tras el colosal poder que un humilde átomo de carbono ejerce sobre nuestra salud y estado de ánimo.

Apacigua a tus hormonas

Igual que ni el titiritero más avezado puede lograr que un títere baile flamenco moviendo un solo hilo, tampoco es posible equilibrar todas las hormonas «parcheando» un único flanco. Todos los sistemas hormonales están interconectados entre sí y dependen de tal cantidad de factores, internos y externos, que resulta ingenuo pretender que bailen su compleja coreografía moviendo un solo hilo. …

Mejora tu estado de ánimo

Las moléculas precursoras de los neurotransmisores, los mensajeros bioquímicos que regulan el funcionamiento de tu mente, son nutrientes. La síntesis de serotonina, cuyo déficit se asocia con la depresión y el decaimiento, precisa vitamina B6 y triptófano, un componente de las proteínas dietéticas. La de dopamina, la principal responsable de tu placer, no es posible sin hierro y vitamina B9. …

Complace a tus genes

No todos los genes son iguales. Los que dictaminan tu color de ojos se expresaron sin que pudieras «negociar» con ellos para llegar a un acuerdo unánime. Otros, en cambio, se expresan o silencian en respuesta a la información que reciben del exterior (incluida la nutrición). Y sobre ella, afortunadamente, sí tienes control. Tus genes no son una condena vitalicia. …