No compres más papeletas para la rifa de las demencias.
Ni el despiadado alzhéimer ni las demás demencias tienen cura todavía, pero hoy sabemos que cuidar nuestros hábitos puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollarlas o retrasar su aparición. Aunque la genética influye, también lo hacen las decisiones que tomamos cada día: qué comemos, cómo dormimos o cuánto nos movemos. En este camino, la nutrición online puede facilitar el acceso a un asesoramiento personalizado para mejorar nuestra alimentación y cuidar la salud cerebral. No podemos controlar todos los factores, pero sí actuar sobre muchos de ellos. Y aunque el mejor día para empezar a cuidar nuestro cerebro quizás fuera hace veinte años, el segundo mejor día… es hoy.
¿Sabes qué comparten las condiciones neurológicas (como el alzhéimer, el párkinson o la esclerosis múltiple) y las psiquiátricas (como la depresión o la esquizofrenia), aparte de la colosal desazón que provocan? Pues tienen en común unos niveles altísimos (y perennes) de micro-inflamación neuronal y estrés oxidativo (la acumulación de radicales libres) con potencial para dañar el tejido cerebral.
Y no, tu cerebro no necesita azúcar. Todo lo contrario. El alzhéimer ya es la nueva «diabetes tipo 3».

La comida no es la única fuente de inflamación cerebral (la exposición a tóxicos, la falta de sueño o el estrés contribuyen en gran medida), pero sí es un factor que ejerce una influencia considerable que podemos controlar.
Y hay dos tipos de «sustancias comestibles» (que no «alimentos»), lamentablemente abundantes en los ultra-procesados, que tienen un enorme potencial inflamatorio. Por un lado, los aceites vegetales refinados, repletos de grasas trans y de ácidos grasos omega 6, que se oxidan con apenas mirarlos (léase aceite de soja, de maíz y en general de entes que «no son grasas» en su estado natural, sino que su existencia requiere «magia» a nivel industrial) y, por otro, el azúcar (y todos sus semejantes, léase carbohidratos refinados -integrales o no- de rápida absorción).
Aparte de su probado efecto inflamatorio, su consumo recurrente y reiterado contribuye a aumentar la resistencia a la insulina y la capacidad de las células para obtener su alimento. Sí, también en el cerebro. Esto se traduce en unas neuronas crónicamente inflamadas y hambrientas que, muy a su pesar y aunque vivan inundadas en glucosa, pierden paulatinamente su capacidad de acceder a ella y acaban por tirar la toalla.
Así que lejos de ser condiciones inevitables e implacables, los trastornos del cerebro pueden de veras beneficiarse de una dieta abundante en grasas saludables, baja en carbohidratos de rápida absorción y rica en micronutrientes. Así que humildemente te recomiendo que pienses en tus amadas neuronas la próxima vez que te enfrentes cara a cara con esa lasaña precocinada o ese croissant de quién sabe qué.
En la Keto-Maratón te cuento lo que sabemos a día de hoy sobre dieta y enfermedades neurológicas. Te incluyo el vídeo abajo. Aquí tienes el audio, la transcripción con las referencias y el enlace al siguiente «ketómetro», el de las enfermedades psiquiátricas.
Y que tu sagaz «yo del futuro» siempre se pregunte si fue tu dieta lo que impidió el declive de tu cerebro.

